Ese fue el primer párrafo que escribió por gusto propio. Nunca había escrito algo que no fuera una obligación del colegio, universidad, poder notarial, o algo del trabajo. No se había sentido tan libre como cuando se decidió a escribir. Nunca había descifrado su amargura inherente. Nunca había sentido una fuga de ese estilo. Se dio cuenta que siente. No es la liberación de esclavos ni de pueblos, sino que la propia. Siente el gusto al logro que lo hace adicto. No puede parar de saborearlo. Descubrió como ponerse en perspectiva y observar. Observar al observador. Desde ese día en adelante no pararía de escribir hasta el fin de sus días. Incluso el habla de eso en uno de sus tantos lapsos de sentidos vagos y egocéntricos.
jueves, 29 de abril de 2010
Garabateo 2
¿Qué pasa al ver el tiempo caminando como uno más en la calle, trayendo consigo una mochila llena de los deseos y expectativas que una vez tuviste? Eso siento todos los días, yo ahí, quieto, sin nada que hacer, nada que concretar, nada que decidir. Dejé de creer en mí y en mis consecuencias. Ya no quiero ser yo, ni tú, ni nadie. Solo soy. Estoy harto de mirar y de experimentar, y de encontrar para aprender que no es nada más que banalidad. Ya ni el sexo puesto en gloria me trae el mismo placer vacuo que me daba antes. No tengo miedo de cruzar los puentes, ni tocar a alguien, pero no vale la pena.
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