lunes, 19 de septiembre de 2011
Que no fue
Él siguió pensando en ella, ya no como un amor punzante, pero si como una meta cruzada y un logro de antaño. Siempre quiso eso. Esperó años por eso. Lo malo es que la veía y se olvidaba de todos esos logros. Su olor seguía llenando ese vacío que ni mil riquezas, ni mil títulos y ni mil campeonatos llenarían. Es como el agnóstico que pasa toda una vida sin cristo, pero lo ve, y mientras lo ve, cree en sus bendiciones, historia e instituciones, para luego que desaparece, intentar convencerse a si mismo que no existe, que lo inventó, hasta llegar a creer en su forzada ignorancia. Ya no creo en ella. Ya no creo en el mundo que forjé. Creo más en mi agonía y en el amor a destajo. Poder corresponder a mis consejos sería ideal -decía él- tanto que tantas tontas tonadas tornarían entorno al torno de su vida. Girar sin eje y palabrear y palabrear. Girar para agitar su propia mente de su falsa calma y despertar del eterno terno que usa y abusa para verse a si mismo como otro que en otro mundo quiso ser. Que no fue.
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