Estaba lleno de ilusiones, mostraba su seguridad en cada paso que daba. Era ingenuo en su trato familiar y no creía en la lectura entre líneas. Su cabello caía por su frente de manera descontrolada, lo que lo obliga a decir día a día que se lo va a cortar desde hace ya 3 años. Fuma un cigarro en la mañana y uno en la tarde, forzando un viejo ritual que su abuelo le enseñó. Tiene amigos de los buenos y de los malos. Se ha visto involucrado en problemas con droga pero ya no tiene nada que ver con eso. Ya no le llaman como antes pero él está bien así. Se siente cómodo en su casa, terminando su libro que nadie leerá, no porque sea malo, sino porque no quiere mostrárselo a nadie. No es tímido pero el cree que si alguien lee alguna de esas 750 páginas podría darle un ataque cardíaco. Sabe que la afirmación es ridícula, pero lo ha repetido tantas veces y se le escapa una sonrisa solo de recordar lo vago que se encontraba ese día cuando por primera vez se preocupó de esconderlo. Desde ese día decidió abrir un viejo parlante y ahí encerrar lo que el considera como material de fugas de su alma. Nuevamente se ríe por recordar la cantidad de estupideces que decía cuando pensaba, bueno.. en nada. Mantenía un par de fotos en su gélido departamento. Una de sus padres abrazados para una graduación o matrimonio, y otra de su hermano. Siempre que veía esa foto recordaba el día en que la tomaron, esto debido al moretón pronunciado que él mismo había infringido a su hermano justo sobre el codo. Recordaba esa pelea como la primera en la que se pudo defender con propiedad, ya sin el resquemor de que la golpiza era un hecho. Ahí notó por primera vez que era algo más. No era parte de las situaciones sino que un observante. Una atenta esponja de lo que acontecía a su alrededor. Era la cámara, no el actor. Esto lo llevaba a creer que todo era insignificante, que la vida no era mas que un grupo de acontecimientos y expectativas que terminan el la muerte y el olvido. Ya no quiere trascender, no quiere crecer, no quiere llenar de valor algo que no tiene sentido. Su búsqueda permanente de respuestas lógicas era el motor de su constante garabateo.
domingo, 11 de abril de 2010
Garabateo
Ya sé lo que haré. Tomaré camino y recorreré por lugares ni soñados ni creados. Te quiero ver ahí conmigo. Hazlo bien y te daré felicidad y un pequeño sabor a logro que tu y yo hemos buscado hace tiempo. Ya que sé donde ir, tengo que saber que voy a llevar... Creo que lo mejor que puedo hacer es pedirle ayuda a alguien que ya lo ha hecho. Aunque suena como buen método, aún creo que solo serían referencias, porque los caminos que quiero tomar no tienen guías en los senderos y ni siquiera alguien que te ayude si se te pierde una maleta. No se si llevar mochila o maleta de viajes. Sin saber si el camino será empinado o incluso si es solo de tierra, entre los cerros. Mmm... esto de hacer planes me tiene un poco preocupado. Ya no sé si será bueno que alguien más tome parte en este viaje porque puedo quedar mal si me pierdo. Además, sin saber que habrá para comer ni donde dormir si es que hay que hacerlo. Quizás no es tan buena idea. Si, mejor iré solo como el viaje que hice al sur hace un par de años. Recuerdo las caminatas con mi conciencia. Lo pasamos bien. Ahí me di cuenta que podía estar solo. Al principio lo vi como algo bueno, muestra de madurez e independencia... bien choro. Pero después me di cuenta que no es tan bueno. Que el no necesitar de nadie asusta y asusta mas aún darse cuenta de eso.
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