Al fin tengo los huevos para comenzar a escribir. Si bien tengo esta cuenta hace mucho tiempo, recién hoy leí el blog de un amigo y reconocí lo fácil que puede ser el ser tan claro, tan práctico con las palabras y no tener miedo a perder el motivo de la escritura, el cual por lo menos para mi blog consiste en la catarsis, el alivio de "tanta weá" que me pasa por la cabeza, que de vez en cuando resulta ser bien profunda. O a veces no.
Para ponerlos al tanto, hoy caí de nuevo en la duda. No entiendo porque tanta frustración por nada. El pensar y volver a pensar en lo mismo me pone nervioso. Es un ciclo dañino y adictivo a su vez. Creo que la mitad de la vida se piensa y la otra se vive, pero que últimamente he pensado mucho más. No me molesta la soledad, me permite pensar más. Pero luego de pensar y pensar, termino con un Comandante para una guerra que no se va a pelear. ¿De qué me sirve pensar tanto? tomar un enredo y desenredarlo para enredarlo nuevamente. Suena tonto pero no saben cuantas veces lo hice de más chico. Tomaba un montón de lana enredada del tejido de mi madre y pasaba horas sacando nudos y pasando toda la lana por un agujero para poder sacarlo y enderezarlo. Luego de eso, ya teniendo el manojo de lana desatada y enrollada en mi mano, la estiraba y la juntaba de manera errática con el único fin de repetir el tedioso proceso. Proceso el cual encontraba fascinante. Sin embargo, recordando estos hechos, me doy cuenta que al final siempre quedaba un montón de lana a medio desenredar, ya sea porque me daba sueño o tenía que hacer otra cosa un poco más constructiva.
Si bien uno sigue con una mirada crítica las teorías del optimismo, creo, mejor dicho, estoy seguro, que de a poco uno cae y recae en un estado casi depresivo. Está en mi naturaleza tener un bajo autoestima y creo que es la mejor excusa que podía pedir. Nunca la utilizo, pero creo que esa sería la imagen a mostrar si viviéramos donde se ven las almas y no las máscaras que vamos generando con el tiempo. ¿Que si me gustaría cambiarla? ¿Tener más autoestima? Claro que sí. Pero no quiero cambiar de manera superficial, pensando todos los días que soy el mejor del mundo, motivando mi consciente para que se vaya reflejando de a poco. Quiero cambiar desde adentro, cambiar mi núcleo y es aquí donde entra en juego las ganas de vivir, los temores y las expectativas. En este proceso de cambio, menciono las expectativas sobre mi desarrollo personal en todo sentido. En el trajín de pensar y vivir, ir y venir, enredar y desenredar, caigo del cielo al infierno en minutos. Pienso en que podría ser el rey del universo para luego sentirme como un vago descorazonado donde si bien no cambio mi humor ni la forma en que veo las cosas, definitivamente cambio mi propuesta al mundo. Bajas expectativas hacen ver como sorprendentes los resultados mediocres.